Cuento para leer con el pijama puesto Nº6

Los sueños, sueños son.

Un día de otoño, muy temprano, Nuria se despertó con la idea de construir una nueva versión de su robot. Sin desayunar y todavía con el pijama puesto, la pequeña fue en busca de su cuaderno de anotaciones, en el que tenía los últimos dibujos realizados la noche anterior.

Si duda, Nuria era obstinada y perseverante con aquellas ideas que le rondaban la cabeza. Siempre buscaba alternativas para concluir sus trabajos.

Esta vez, tenía claro que su robot tendría una función principal muy clara. Sería el guardián de los sueños de los niños con pesadillas. Así que debía diseñar un robot que se enfrentara a los intrusos que cada noche intentaban colarse en los sueños de los niños.

– Pero claro, si el robot tiene que ser un acompañante en los sueños, habrá que ponerle un pijama, – pensó Nuria. – Mejor todavía, llevará un pijama a juego con cada niño, – incidió sobre sus palabras.

Así, Nuria había pensado que su robot tuviera un pijama a juego e incluso podía convertirse en un  pijama familiar.

Ya podía imaginarse como el robot espantaba a los personajes de los malos sueños y pesadillas. Para ello el robot tendría la capacidad de desplegar una esfera protectora imaginaria que podría utilizar si los niños y niñas tenían una pesadilla. A partir de ese momento aislaba el sueño de los niños y no permitiría que nada malo entrase. Pero eso sí, hay que tener abrazado al robot para que funcione.

Nuria se sentía muy satisfecha con su diseño. Había creado un equipo formado perfectamente conjuntado con sus pijamas a juego. Solo le quedaba un importante detalle para completar el proyecto del robot.

¿Sabes cuál es?, efectivamente. El robot necesita un nombre.

Tú, ¿qué nombre le pondrías?

Fin.

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